Recuerdos de la historia de nuestro pueblo

TancachaEste artículo se publicó en el Nº 12 de primera plana del 28 de octubre de 1995, con motivo del 82º aniversario de Tancacha. Fue escrito por Haydeé C. Zanetti en nombre de toda la familia, una de las pioneras de nuestra localidad, con la ayuda memoria de sus hermanas Estrella y Dora. Las tres ya no están con nosotros pero sus recuerdos nos envuelven e iluminan la vida de quienes tuvimos la bendición de conocerlas y quererlas, pues era imposible no amar a esas grandes mujeres. En su casa se respiraba amabilidad, respeto y uno sentía una verdadera paz espiritual.

Es muy grato para nosotras contribuir  con algunos recuerdos al homenaje que estamos rindiendo a nuestro pueblo, y agradecemos la oportunidad que se nos brinda para hacerlo. Comenzaremos recordando a los vecinos, todos ellos muy buenos vecinos, a los cuales apreciamos sinceramente.

Desde 1924 tuvimos por vecinos, por el lado este, a la familia Spezia, por el lado sur, nuestros vecinos inmediatos fueron don Claro Álvarez y su hijo (también llamado Claro). Don Claro era un criollo nativo de nuestra tierra, que hoy tendría 130 años y cuyos nietos, bisnietos y tataranietos, viven aún en nuestro pueblo. Más allá los Carabajal y los Cuello. Por el lado norte las familias de don Joaquín Toselli, de don Félix Violino y de don Pascual Galli. Algunos años  más tarde, por el lado oeste, a don Aarón Lazarte y familia. Mencionamos a estos vecinos solamente pero en ellos incluimos a “todas las familias de Tancacha” y les agradecemos a todos por vivir aquí y compartir con nosotros nuestro “hogar grande”.

Recordamos cuando, desde nuestra casa paterna, podíamos divisar el edificio de lo que fue la primera Cooperativa Agrícola (San Martín y Bv. Poeta Lugones) que estaba siendo construida en el año 1924. También se podía ver como se iba levantando el edificio de la escuela Gral. José María Paz (1928), la plaza Rivadavia y posteriormente el Dispensario (1936) que es hoy el Hospital Vecinal.

Los años fueron pasando… las manzanas baldías se fueron poblando… el horizonte se fue ocultando…Pero los recuerdos todavía nos conmueven con su sabor añejo y familiar.

Ahora pasamos a recordar algunas vivencias de nuestro padre en relación con los agricultores y ganaderos de nuestra zona. Él no era agricultor ni ganadero, pero trabajó mucho para ayudar a los que lo eran. Cooperativista de alma, abogó para que la semilla de la solidaridad (esencia misma del cooperativismo) apenas incipiente en aquella época, prendiera y se hiciera luz en el intelecto de los colonos. Fue premiado con la distinción de docente de cooperativismo por directivos de la Federación Agraria Argentina (1926). Hoy, varios de sus descendientes aún continúan en la línea de su tan sentida vocación.

Dentro de la primera cooperativa, donde desempeñaba tareas administrativas, había organizado una importante biblioteca (1925) cuyo amplio contenido incluía libros de gran valor educativo y cultural (especialmente los de orientación social), verdaderas joyas, frutos de inteligencias brillantes que ya han pasado historia. Pedimos que nos disculpen si estamos equivocadas, pero creemos que él fue el primer agente de seguros agrícolas de este pueblo. Representaba a la compañía de seguros “La Segunda”. Recordamos su tristeza y frustración cuando los agricultores no comprendían que los seguros se hacían para el propio beneficio de ellos, pero también su satisfacción cuando lograba convencerlos. Él redactaba las cartas familiares y otras, para los colonos que eran analfabetos o semianalfabetos, conectándolos con sus familiares en Europa y también atendiendo sus asuntos legales relacionados con consulados y embajadas.

Tomó parte activa en el proyecto de construcción del primer elevador cooperativo de granos, el que por orden cronológico, ocupa el cuarto lugar en todo el país. Confeccionó el acta de inauguración del mismo (1931), cuyo pergamino recordatorio aún conservamos.

La vieja silueta de ese “tancacherismo” elevador, recortada en el cielo cotidiano de nuestro pueblo, se yergue como testigo silencioso pero elocuente de aquellos tiempos cuando la Argentina era llamada “el granero del mundo”.

Hay más recuerdos… aquellas terribles plagas de langostas y el trabajo denodado de la Defensa Nacional… Las máquinas agrícolas… Nuestra familia poseía una de las primeras máquinas trilladoras (año 1908). Era de procedencia australiana y se movilizaba con tracción a sangre… Luego, una máquina que funcionaba a vapor (1915), más tarde tractores, y finalmente, las máquinas con mecanismos de movilidad incorporados. Las máquinas agrícolas constituyen para nuestra familia un verdadero himno  al trabajo y un símbolo de la prodigalidad con la que Dios ha bendecido nuestra tierra. Creemos que así lo entiende también la comunidad de nuestro pueblo.